LIBRERÍAS Y LIBROS
Cuando un dato se malinterpreta y una cadena editorial demuestra lo contrario
Durante días, un porcentaje inquietante ha recorrido titulares y conversaciones: casi la mitad de los libros publicados en España no vende ni un solo ejemplar al año. La cifra, repetida con la contundencia de un diagnóstico terminal, parecía anunciar un paisaje editorial desolado. Pero la realidad, como suele ocurrir, es más matizada y menos apocalíptica.
El origen del dato —ese 49,4% que tantos compartieron sin pestañear— se encuentra en un estudio presentado en el Congreso de Librerías de Valencia. Allí se explicaba que casi la mitad de los títulos presentes en el inventario de una librería concreta no registraron ventas durante 2025. El matiz era decisivo: se hablaba de lo que ocurre dentro de una librería, no de lo que ocurre en el país entero. Sin embargo, el matiz se evaporó en la prisa mediática, y el dato se convirtió en un mantra que alimentaba la idea de un sector moribundo.
La realidad es otra. Cada librería convive con su propio porcentaje de títulos inmóviles, pero esos mismos libros pueden estar circulando con normalidad en otros puntos del país. No existe un 49% de obras condenadas al silencio: existe, simplemente, la lógica de un inventario vivo, que rota, se renueva y se mueve de forma desigual según el territorio.
Y aquí es donde la teoría se encuentra con la práctica. El catálogo de Melqart Media, por ejemplo, demuestra cada día que la circulación del libro depende tanto de la calidad del contenido como de la eficacia de la cadena que lo sostiene. Sus títulos —que viajan desde Ibiza hacia librerías de toda España— se mueven gracias a un eslabón que rara vez aparece en los titulares, pero que sostiene todo el edificio: la distribución.
Sin una buena red de distribución, incluso el mejor libro puede quedar atrapado en un almacén, invisible para el lector. Con una distribución sólida, en cambio, un catálogo como el de Melqart —diverso, cuidado, con vocación de permanencia— encuentra su lugar natural en las mesas y estanterías de librerías de Madrid, Valencia, Sevilla, Bilbao o Zaragoza. Allí donde un lector lo espera sin saberlo.
La existencia misma de editoriales que trabajan con rigor, que cuidan sus colecciones y que confían en distribuidores capaces de llevar sus libros a cada rincón del país, desmonta la idea de un mercado paralizado. El problema no es que los libros no se vendan; es que no todos se venden en el mismo sitio ni al mismo ritmo. Y cuando la cadena editorial funciona —cuando edición, distribución y librerías reman en la misma dirección—, los libros encuentran su camino.
El bulo del 49% se deshace así como un espejismo: no describe un fracaso colectivo, sino una lectura apresurada. Lo que sí describe la realidad es otra cosa: un sector que, pese a sus desafíos, sigue vivo gracias a quienes lo sostienen desde cada eslabón. Entre ellos, las editoriales que creen en su catálogo y los distribuidores que lo hacen llegar a donde debe estar: en manos de los lectores.
MELQART MEDIA
EDICIONS AÏLLADES – IBIZA EDITIONS – MELQART EDITORIAL
#melqart
melq.art
