TANG FEI: EL FUTURO TIENE UNA VIDA INTERIOR

Cuadro: The Path to Freedom, de Gabriel Torres Chalk.
En algunos relatos de ciencia ficción el futuro entra haciendo ruido. Aparece acompañado por grandes máquinas, ciudades verticales, naves que oscurecen el cielo o inteligencias capaces de someter a la especie humana. En los cuentos de Tang Fei, en cambio, puede presentarse como una alteración casi doméstica: una enfermedad que obliga a una familia a encerrarse, una conciencia desplazada de su cuerpo, una joven que contempla las estrellas y descubre en ellas algo que no estaba buscando. La tecnología no irrumpe desde el exterior. Ya se encuentra dentro de la casa, mezclada con los recuerdos, los temores y la difícil intimidad de quienes la habitan.
Tang Fei —seudónimo de la escritora china Wang Jing— pertenece a una generación que ha contribuido a ensanchar la ciencia ficción china más allá de su imagen internacional más reconocible. Escribe relatos especulativos, fantasía, cuentos próximos a la fábula y narraciones que atraviesan deliberadamente las fronteras entre los géneros. También desarrolla una labor como crítica, fotógrafa y artista, y forma parte tanto de la Asociación de Escritores de Shanghái como de la Science Fiction and Fantasy Writers Association. Su obra comenzó a circular fuera de China a partir de traducciones publicadas en revistas y antologías internacionales.
El nombre que eligió para escribir contiene ya una pequeña declaración de independencia. Tang Fei, 糖匪, podría traducirse aproximadamente como “bandida del azúcar”. Hay algo juguetón y levemente subversivo en esa combinación: la dulzura unida al asalto, el sabor agradable que esconde una interrupción. También su literatura procede de ese contraste. Puede comenzar con una imagen delicada y conducirnos hacia un territorio inquietante; puede adoptar la apariencia de una fantasía y revelar, poco a poco, una pregunta moral sobre aquello que llamamos humano.
Sus relatos se han publicado en revistas como Science Fiction World, Apex Magazine y Clarkesworld, y han sido traducidos, entre otros, por Ken Liu, John Chu y Xueting Christine Ni. Entre sus títulos más conocidos se encuentran “Call Girl”, “A Universal Elegy”, “The Person Who Saw Cetus”, “The Path to Freedom” y “Broken Stars”. Este último dio título a la antología de ciencia ficción china contemporánea editada y traducida por Ken Liu, donde Tang Fei compartía espacio con autores como Xia Jia, Han Song, Hao Jingfang, Chen Qiufan o Liu Cixin.
Sin embargo, incluirla sin más en la ciencia ficción puede resultar tan correcto como insuficiente. Tang Fei ha explicado su preferencia por escribir en los límites del género, allí donde la clasificación comienza a volverse porosa. En su obra conviven la especulación científica, el cuento fantástico, la alegoría, la tradición del relato maravilloso y una atención muy precisa a las emociones. No parece interesarle tanto predecir qué máquinas existirán mañana como averiguar qué parte de nosotros será modificada cuando esas máquinas lleguen.
En “The Path to Freedom”, una familia se encierra en un apartamento para protegerse de una enfermedad que se transmite por el aire. El aislamiento se prolonga durante años. Cuando finalmente aparece la posibilidad de regresar al exterior, quienes sobrevivieron descubren que el mundo ha cambiado y que sus cuerpos, precisamente por haber permanecido protegidos, ya no corresponden a la nueva normalidad biológica. La casa que debía salvarlos termina convirtiéndose en una frontera. Tang Fei escribió el relato antes de que la experiencia de una pandemia mundial otorgara a aquella situación una resonancia inesperada. Pero reducirlo a profecía sería empobrecerlo. Su verdadera fuerza reside en una paradoja más antigua: a veces aquello que nos preserva también nos separa de la vida.
La imaginación de Tang Fei trabaja con esa clase de desplazamientos. El futuro no aparece como una fecha, sino como una condición de extrañeza. Sus personajes suelen descubrir que la realidad ha avanzado unos pasos sin ellos. No son conquistadores del espacio ni científicos capaces de dominar fuerzas inmensas, sino personas comunes obligadas a vivir dentro de una transformación que apenas comprenden.
Esa perspectiva se hace especialmente visible en su colección de relatos Hòulái de rénlèi 后来的人类, publicada en China en 2023. The Later Human es una versión inglesa bastante elegante, aunque el chino conserva una ambigüedad más rica: la humanidad que viene después puede aludir tanto a la humanidad futura como a quienes llegan tarde al cambio tecnológico, quedan rezagados o sobreviven en sus márgenes.
El libro reúne mundos habitados por inteligencias artificiales, cíborgs y avatares, pero mantiene el foco sobre quienes intentan conservar una vida reconocible en medio de la aceleración tecnológica. El título sugiere algo distinto del conocido “poshumano”. No anuncia necesariamente la desaparición de nuestra especie ni su sustitución por una criatura superior. Habla, más bien, del humano que llega después: aquel que sigue teniendo memoria, deseo y miedo, aunque ya no pueda reconocerse por completo en las antiguas definiciones del cuerpo y la identidad.
Quizá por ello Tang Fei se aleja de la monumentalidad asociada a buena parte de la ciencia ficción china traducida en Occidente. Frente a las escalas cósmicas, los grandes proyectos de ingeniería y los conflictos que afectan al destino de civilizaciones enteras, ella suele inclinarse hacia la grieta íntima. El universo puede estar cambiando, pero la pregunta decisiva continúa produciéndose en una habitación, alrededor de una mesa o dentro de una conciencia que trata de recordar quién era.
En “Broken Stars”, una adolescente accede mediante los sueños a una mujer capaz de leer el futuro en un mapa de estrellas. La historia avanza como una constelación incompleta: no entrega sus secretos de una sola vez, sino que obliga al lector a orientarse entre imágenes, pérdidas y revelaciones. Las estrellas del título no componen un cielo ordenado. Están rotas, como si también el destino hubiera perdido la seguridad de sus líneas.
La imagen resulta útil para comprender la poética de Tang Fei. Sus cuentos no suelen ofrecer el futuro como una totalidad inteligible. Nos entregan fragmentos: una señal, una anomalía corporal, una máquina, una transformación de las costumbres. El lector debe unir esos puntos sabiendo que la figura final quizá no llegue a cerrarse. El porvenir no es un territorio situado delante de nosotros, sino una constelación que interpretamos con instrumentos heredados de un mundo que ya comienza a desaparecer.
En esa escritura existe también una continuidad con formas muy antiguas de la imaginación china. Las metamorfosis, las identidades inestables y los límites inciertos entre lo humano y lo no humano estaban presentes mucho antes de que aparecieran los robots o las redes digitales. La literatura fantástica no necesitó esperar a la inteligencia artificial para preguntarse si un cuerpo podía albergar distintas naturalezas o si un sueño era menos verdadero que la vigilia. Tang Fei introduce la tecnología en esa corriente profunda. Sus cíborgs y avatares no cancelan las antiguas metamorfosis: les proporcionan una nueva materia.
Por eso su obra resulta rabiosamente contemporánea sin quedar atrapada en la actualidad. Las tecnologías cambiarán, los dispositivos que hoy parecen extraordinarios adquirirán la opacidad de los objetos cotidianos y muchas de nuestras inquietudes digitales envejecerán con rapidez. Permanecerá, sin embargo, la pregunta que atraviesa sus relatos: cuánto podemos transformarnos sin dejar de reconocer algo propio en aquello que viene después.
Tang Fei no escribe para anunciar la muerte de lo humano. Escribe desde el instante en que lo humano descubre que nunca fue una forma definitiva. El futuro, entonces, deja de ser una amenaza situada en la distancia. Está ya entre nosotros, respirando con discreción dentro de la casa.
Por Gabriel Torres Chalk
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